Por Gabriela DamiánUna noche, justo a la hora en que la ciudad dormía por completo, sucedió algo muy curioso. Llovía fuerte. Las gotas de agua brincaban de las nubes al suelo encharcado como si fueran niños tirándose clavados en la alberca, y el ruido que hacían era igualito al de los aplausos de los conciertos. Poco a poco el cielo se fue despejando, y la luna llena asomó sus cachetes blancos por entre las nubes. Pero la luna no era la misma de siempre esa noche. Estaba más gorda, más blanca y más grande que de costumbre. Ya no caía agua, y los calles mojadas eran como un espejo en el que se reflejaba el cielo. La luz de la luna inundaba todos los charcos de la ciudad. De pronto, las raíces del quinto árbol de la calle Juárez comenzaron a resplandecer con una luz tenue. Muy despacito, la luz comenzó a subir, formando una especie de ancho listón en el que podían distinguirse rayitas de siete colores distintos: amarillo, naranja, rojo, azul, verde, morado e índigo. Un perro que pasaba por allí olfateó el tronco del árbol y acabó estornudando. La banqueta se salpicó de colores y el ancho listón siguió subiendo hasta convertirse en el principio de un arcoiris. El perro sentía que se había quedado mudo de la impresión. El arcoiris pasó por encima de las azoteas. Lo vieron la ropa tendida dentro de sus jaulas, los tanques de gas y los postes de teléfono, las antenas de televisión, las escaleras de caracol y hasta las ventanas. Lo vieron también otros perros, y aunque algunos de ellos eran muy chismosos, no pudieron ni decir “Guau”. Tan increíble era el espectáculo que el arcoirirs daba sobre el cielo nocturno. Los siete colores bajaron como una resbaladilla hasta una de las coladeras de la calle Madero. El arcoiris brilló por encima de la ciudad dormida más o menos quince minutos. Cuando se desvaneció pálido y transparente en el azul de la noche, todos los perros (grandes, chiquitos, peludos y pelones) se pusieron a ladrar, contando a todos lo que habían visto. “¡Shhhh!” “¡Cállese, perro!” fue la respuesta. “No saben de lo que se perdieron”, pensaron los perros.

2 comentarios:
muy bueno
muy bueno
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