MOSAICOS DEL DEVENIR: ROMPECABEZA PARA (DE)FORMAR.










Por Elman Trevizo Higuera.



No hay grandes diferencias entre la realidad y la ficción,
ni entre lo verdadero y lo falso.
Una cosa no es necesariamente verdadera o falsa;
puede ser al mismo tiempo verdadera y falsa”.
(Harold Pinter).






I.

Se ha hablado de Antonio Zúñiga, entre otros aspectos, como el dramaturgo de la frontera, y como el creador cuya cosmovisión es una mirada crítica a los problemas que inquietan a la sociedad.
Los personajes de “Rompecabeza” transitan en latitudes no fronterizas; sin embargo no dejan de señalar una línea que más que tangible es existencial. Éstos son seres que optan por la pesada levedad de la palabra, creando un universo de realidad aplastante en un espacio donde se ahoga un grito cuajado en una garganta invisible; parafraseando al mismo Zúñiga.
Esos personajes que de tan reales parecen entrar en el terreno de la locura (realidad ficcionada), hacen que el espectador y/o lector reafirme a cada paso lo que el poeta inglés Lord Byron escribió: “el hombre es un péndulo entre la risa y el llanto”.
Entre la carcajada y las lágrimas, como la vida; esta obra fragmentada con la conciencia de que así es el transcurrir diario, nos presenta y representa la violencia imperante en nuestro entorno. Nos habla de hechos acontecidos en un pasado inmediato y en un presente continuo que se distiende. No solamente las escenas van formando aristas de una serie de mosaicos seccionados, también el lenguaje se quebranta, redimensionando y sosteniendo parte de la obra por lo que no se dice, por lo que se (a)calla. Dando pie a la intuición que siempre se perfilará de acuerdo a la identificación que tenga el receptor ante este mundo plagado de seres incompletos y sufrientes: hombres-limítrofes.

En esta obra del dramaturgo chihuahuense, los personajes al recrear el espacio a través de los vocablos y la negación explícita de éstos, se mueven en una línea material difusa que linda el terreno de la sorpresa, pendiendo, precisamente como péndulos, en las redes de lo que puede suceder; siendo posible en la realidad de la escena, logrando el detonante que hará del público un mirador y reinventor de su entorno. De una realidad hiperbólica de la que nadie se salva, en pocas palabras; el caos.
Zúñiga es un gran delineador del desconcierto sin pretender dar cátedra de moral. En “Rompecabeza” pone a sus personajes en disyuntivas que muchas veces no dejan de ser eso: opciones que nunca se concretan, abanicos abiertos a lo probable, a lo dicho a medias, porque eso es lo mejor… guardar algo para decirlo después y no quedarnos mudos ante lo que anhelamos: un helado de zapote negro o pasear tranquilos por la plaza.
El autor de esta historia fragmentada, nunca califica a sus personajes, deja que ellos se juzguen de acuerdo a sus situaciones y limitantes que, aunque parezca que no, son muchas. Son seres encarnados con venganzas atrasadas, dolores atenuados por el autosabotaje, con sed de ser parte de la violencia aunque sea leyendo y recortando cuidadosamente las páginas de la nota roja. Quizá pensando que con esos recortes se pone la última pieza de ese “Rompecabeza” al que le falta una “S”. ¿Acaso la “S” de Sirena?


II.

Al salir de la puesta en escena de “Rompecabeza” en la Muestra Estatal de Teatro de Morelia el 31 de marzo del año pasado, mientras dibujaba círculos concéntricos en un mingitorio, logré escuchar a unas jóvenes que también habían visto la obra. Transcribo lo que escuché.

A.- ¿De quién dijiste que era?
B.- De un tal Antonio Zúñiga.
A.- Mmm. Me gustó. Aunque muy cruel. Pero también me hizo reír...
B.- Son cosas que sucedieron. Son reales. (Silencio) Dicen que anduvo investigando entre los disparos y con las familias de los muertos.

La conversación siguió… Dilaté mi visita al mingitorio para darme cuenta que todos los comentarios versaron sobre lo épico que había sido el trabajo del “tal Antonio Zúñiga” al esquivar las balas de los “malos” y así documentarse para la obra que esa noche presentaba. Que por cierto, esa era la segunda función, en un principio no contemplada, pero que debió programarse de emergencia ante la rechifla de los asistentes que no querían quedarse sin verla, ya que el lugar estaba atiborrado.
Supongamos la forma como imaginaban las jóvenes al dramaturgo: esquivando balas en un campo minado por los hombres del mal, con una libreta siempre a la mano anotando impresiones, gestos, peripecias, movimientos, diálogos medulares, cuestionando las muertes, los buenos tinos.
Esa imagen era la prueba “fehaciente” (como diría un jurista) de que el público había ensamblado las piezas que Zúñiga dispuso, primero en el texto, y que luego fueron materializadas en el escenario gracias a Rodolfo Guerrero y sus actores. Era fantástico saber que dos espectadores se imaginaban al creador de ese universo de mosaicos, siguiendo el camino del héroe como lo pinta Joseph Campbell en su libro “El héroe de las mil caras”. Esto significa que el mundo de “Rompecabeza” es tan completo y cercano a la condición humana que la gente supone atrás de ese cosmos a una persona que vivió de muy cerca dichos acontecimientos y que viene a contarlos como el testimonio de un sobreviviente. Aunque lo anterior tiene mucho de verdad, ya que al reconcebir la realidad, el creador la vive, y puede dar testimonio de ello. Muy seguramente Zúñiga sufrió y esquivó más de una bala metafórica en ese terreno donde hay que tener cuidado y saber dónde se pisa: ¿La hoja en blanco?, ¿la imaginación?, ¿la emotividad? Quizá todas. Todo buen creador sigue el camino del héroe. Todo creador es el habitante de una frontera no necesariamente material: verdad-mentira, realidad-ficción, encanto-desencanto, palabra-silencio. Luz…


Oscuro.





* La obra Rompecabeza se publicó en el 2007 en ediciones Paso de Gato. Cuadernos de Dramaturgia Mexicana.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Antonio Zúñiga hace una descripción exacta de un México carente de justicia y un pueblo cansado de promesas políticas, y nos lo hace saber a través de sus obras teatrales tal como lo es "La Zona del Silencio", "Rompecabezas" entre otras, dando un giro a la temática teatral.


G.R

 

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