Paisaje Urbano. Patricia Márquez.Técnica mixta
100 x 110 cm.
2004
Facsímil de cochinadas culturales
Paisaje Urbano. Patricia Márquez.
Por Hugo Plascecia Madrid
El agua tibia de la regadera la hizo entrar en calor. Afuera el frío se pegaba como un tatuaje en los cristales de las ventanas estrechas.
Hacía un año esperaba paciente su llegada. Ifigenia salió de la regadera dejando un casi imperceptible chorro de agua. Aún su piel estaba húmeda cuando un sonido fluvial, desde la tubería previno la llegada. La emoción se reconstruyó dentro de su estómago.
En gotas, por varios orificios, salieron primero sus pies; luego, de un jalón todo el cuerpo. Era diminuto y estaba hecho de agua. Lo único consistente era su cabello lacio y despeinado como alambres finos de cobre. Sus ojos rasgados y azules obligaron a la luz a reflejar un tono marino. Visitaba una vez al año la habitación de Ifigenia. A pesar de ello caminó con cautela, sus pies dejaron huellas cristalinas por todo el piso. Siempre buscaba lo mismo: iba hacia la cama, entraba en el ropero, mientras el vapor generado por sus poros era una extensión de su cuerpo, que invadía cada rincón revisándolo todo.
Ifigenia permaneció inmóvil, con la boca herméticamente cerrada, para que el Akn no se asustara. No lo veía a los ojos por miedo a un encantamiento imprevisto que terminara con el combate. Premeditadamente arrojó una pelota diminuta de goma. El pie líquido del Akn la pateó incansablemente, aumentando con cada salto la agitación del aire, como si se tratara de una turbina. Dejó suspendidas miles de virutas acuosas las cuales formaban remolinos, que paulatinamente desencadenaron una tormenta dentro del la recámara. Ifigenia todavía sin moverse sintió un ahogo por la lluvia que rebotaba violenta en su cara, igual a canicas cristalinas. Pero aun así no cedió. Sin embargo durante uno de los movimientos bruscos, el Akn dejó caer las piedras aguamarinas que guardaba dentro de uno de sus lagrimales; rebotando contra las lozas. Cuando todo volvió a la tranquilidad las buscó contándolas con paciencia. Revisó de nuevo y efectivamente desde hacia una año faltaba una piedra, se había perdido en alguna parte de esa habitación, pero ya no había tiempo para continuar la búsqueda.
Sobre los muebles y las paredes habían diminutos ríos diáfanos, que simulando venas escurrían hasta llegar al piso, los cuales persiguieron al pequeño hasta que volvieron a formar parte de su cuerpo. Caminó molesto hasta el baño y nuevamente en gotas regresó a la tubería a través de los orificios de la regadera.
En la recámara había pedazos de objetos, ropa mojada por todos lados, muebles desordenados y húmedos. Mientras, Ifigenia, todavía aturdida, siguió inmóvil asegurándose que se hubiera ido.
Después de unos segundos, la mujer se acercó al espejo y una sonrisa triunfante definió su expresión, sacó la lengua y en la punta, permanecía la gema azulada y luminosa, dando la sensación de ser un ojo que observaba atentamente su reflejo.

Por Esther Tirado Soriano
Julio de 1957. El avión cobra altura a gran velocidad rasgando el azul transparente e internándose en la suavidad cambiable de las nubes. Trato de relajarme y sacar la tensión y el cansancio resultantes de haber anticipado mi ponencia en el congreso. Quiero robarle un día a la jornada de trabajo, para dedicarlo a mi esposo e hijos que tanto reprocharon mi abandono. Lo dedicaré completo a hacerlos felices, a complacer sus gustos y caprichos. Así me liberaré totalmente de culpa. Estoy deseosa de llegar y sorprenderlos. Abro mi bolso para empolvarme la nariz y mis dedos rozan la pistola que mi marido me obligó a llevar conmigo por seguridad. Me pone nerviosa haberla aceptado. Me apoltrono en el asiento, respiro profundo, me adormezco.
Después de comprobar el sueño tranquilo de los niños. Abro la puerta de nuestra recámara y prendo la luz. Como un rayo la visión me fulmina. Mi marido horrorizado, se desploma sobre el cuerpo de mi mejor amiga tratando de cubrir sus desnudeces. La sorpresa me petrifica pero en mi interior los sentimientos ultrajados matan de modo fulminante un amor que creí indestructible. Yacen inertes mi fe, seguridad, deseo de vivir. Siete años de matrimonio, dos hijos y la pasión que me juraba, no le impidieron mancillar nuestro hogar. ¡Maldito! Saco la pistola de mi bolso de mano. Magdalena repta por mis piernas, cómo víbora que es; llorando pide clemencia por sus hijos. ¿Acaso pensó ella en los míos, en que destruía un hogar y varias vidas? Héctor, de rodillas, jura por su honor amarme sólo a mí, será mi esclavo fiel. ¡Su honor me da náuseas! “¿Desde cuándo?, vocifero, ¡Quiero la verdad!” Las bocas enmudecen, se cruzan las miradas. Apunto el cañón de mi arma a sus cabezas. Las palabras, descaradas, se precipitan por torrentes. Se las arrebatan. Se atropellan, culpándose mutuamente... Sus voces mancillan mi dignidad y emponzoñan mi temperamento, robándole luz a mi cerebro. La furia cubre de rojo mi mirada. Disparo una vez, dos veces, tres...
La noche ha caído sobre la ciudad, su manto de lentejuelas brilla ante mis ojos con iridiscentes fulgores, atenuando la penumbra. El coche avanza rápidamente. Llegaré en cinco minutos. En mi bolso descansa la pistola...
Con este primer número abrimos un espacio para todos aquellos que quieran colaborar y compartir con nosotros un viaje a las entrañas del marrano. Estamos conscientes de la repulsión que puede causar en primer término el nombre de la revista. Sin embargo, no todo es exquisitez en el mundo de la cultura, y en especial en el de las letras.
Para hacer menos caótico el viaje a las entrañas, les presentamos una pequeña descripción a manera de mapa.
Junto a esta editorial encontrarán las “SECCIONES” de las que se conforma la presente revista-blog. Dando clic en las secciones encontrarán los textos de cada una de ellas y podrán leer las colaboraciones. La revista se actualizará cada mes y además de textos literarios podrán encontrar herramientas útiles como convocatorias, las noticias más sobresalientes respecto a la cultura, sección temática, clasificados, teoría literaria, links a editoriales, links a otras revistas electrónicas y a los blogs de amigos que directa o indirectamente están relacionados con nuestro proyecto.
Agradecemos los comentarios y las colaboraciones. Les recomendamos que participen en las encuestas que cada mes se realizarán en este espacio.
Según el diccionario de Términos Literarios y Artísticos, publicado por Clepsidra Ediciones, se utiliza la frase “Te vendo un marrano” cuando alguien cambia abruptamente de tema, desconcertando a los que están a su lado.
La revista “Te vendo un marrano” pretende ser un caos ordenado (o un orden caótico) de la literatura que se escribe en México.
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